viernes, 11 de septiembre de 2015

Escritos contra la nacionalismo por el día de la Diada

Hoy, ya que es el día de la Diada en Cataluña (una gran celebración para los catalanistas) os presento algunos escritos sobre la cuestión nacional, ya sea sobre la española o la de otro sitio.

Empiezo con un artículo de Anselmo Lorenzo de 1901:


Ni catalanistas ni bizkaytarras
Lo dije tiempo atrás en La Protesta, de Valladolid, y juzgo conveniente repetirlo hoy en esta publicación barcelonesa, donde quiera que se considera y estudia un derecho, individual o colectivo, surge un atropello cometido por el Estado, esa entidad destinada teóricamente a garantir al individuo y a las colectividades el uso de sus legítimos derechos, aunque en la práctica sólo consiga lesionarlos.
Cataluña y las provincias vascas tienen de seguro fundados motivos de queja contra el Estado español, como lo tienen todas las demás regiones y provincias, aunque no se quejen; como lo tienen todos los individuos; como los tendrá el respetable lector; como los tengo yo, porque al fin, como dijo Renan, el Estado es un autócrata sin igual que tiene derechos contra todos y nadie los tiene contra él.
Es, pues, el caso que sólo las dos regiones nombradas formulan más abiertamente quejas y cierto número de aspiraciones, y sobre esto, a fin de que los trabajadores no sufran desviación en el camino que conduce a su emancipación, me propongo exponer las consideraciones siguientes.
Sucede que en cuanto se trata de levantar una bandera, lo primero que salta a la vista es la necesidad de soldados que den por ella su sangre. Tratándose de alistar soldados para una causa, en seguida se ocurre quiénes han de ser éstos, y claro está, no pueden ser otros que los trabajadores, el último mono social, el que lleva siempre la peor parte en todo.
Paralelamente se observa que los iniciadores, los portaestandartes, los hijos del privilegio que quieren lucirse, ponen especial cuidado en asegurarse la retirada en caso de derrrota y los medios de monopolizar los beneficios en caso de triunfo. Vedlos, oidlos, leed lo que dicen en los mítines catalanes o en sus discursos en el Congreso de diputados; tienen dos caras, o, por mejor decir, dos caretas: la separatista o la nacionalista autonomista; con la una contentan a San Miguel; con la otra, al diablo, y para amenizar la cosa no falta algún insulto o alguna alabanza a los trabajadores, según caen las pesas.
Ahora (...) la atención en este hecho: el catalanista (...) esto también el bizkaytarra, echan pestes contra el madrileño, pobre diablo que en la asamblea de las regiones viene a ser lo que el burro en la de los animales, y lejos de censurar al Estado por lo que como tal institución tiene de absorbente, tiránica y odiosa, aspiran a fundar nuevos Estados más pequeños, en que ellos, los propagandistas de hoy y los gobernantes de mañana, conserven sin alteración los mismos males que la sana crítica halla siempre en todos los Estados.
En las provincias vascas, lo mismo que en Cataluña, hay un proletariado numeroso, inteligente y activo, en general conocedor de las cuestiones sociales, con aspiraciones definidas y concretas, y que es una esperanza para la futura renovación social que ha de dar forma adecuada y justa a la organización del trabajo y a la distribución de los productos, y conviene que esas fuerzas no se distraigan de su objeto ni se desmembren por servir ideales que les son por lo menos extraños, por no decir absolutamente perjudiciales.
Los trabajadores no deben luchar por un nuevo amo ni por una nueva clase de amos, y es preciso que manden a paseo a los que vengan con músicas regionales de esas que dejan subsistentes como si tal cosa el propietario, el capitalista, el explotador y el usurero; es decir, el usurpador y el ladrón legales.
Al seguir a catalanistas y bizkaytarras, los trabajadores que tal hiciesen por lo pronto sólo conseguirían desvirtuar con los hechos aquella gran verdad tiempo ha reconocida: "La emancipación de los trabajadores no es un problema local (ni regional añado yo) ni nacional", y se harían enemigos de los trabajadores de otras regiones, incluso los de Madrid, donde también hay obreros, aunque otra cosa quieran hacer creer los catalanistas y bizkaytarras que llevan un madrileño montado en la nariz.
Semejante enemistad, por lo absurda y por lo inconveniente, salta a la vista; se necesita ser burgués incurable o loco de atar para sostenerla y fomentarla, y es dudoso que haya ni en Cataluña ni en las provincias vascas un trabajador con dos dedos de frente que la patrocine.
Todo eso aparte de esta consideración que dejo para final: yo no sé cómo anda la administración municipal y provincial en Vizcaya, pero sí diré que en Barcelona no se echa de menos a los madrileños para administrar a la diabla. Catalanes, y bien catalanes, más o menos catalanistas, son los que en el Municipio y la Diputación han manejado el tinglado hasta ahora, y para juzgar de su moralidad no hay más que dar un vistazo a la prensa barcelonesa, y se verá a cada paso un gazapo. De donde se saca la consecuencia que si nuestros gobernantes fueran de los que saben decir setse jutges menjan fetje, igual pelo nos luciría, porque los que estamos dedicados a ser vasallos, súbditos o ciudadanos en lo que existe o en lo que catalanistas y bizkaytarras tratan de implantar, siempre nos ha de tocar roer el hueso de la explotación.
He aquí por qué lo mejor que los trabajadores catalanes y vascos pueden hacer es ir directamente a la huelga general, a la revolución social, y dejar que catalanistas y bizkaytarras saquen las castañas del fuego con sus propias manos.
Anselmo Lorenzo
(La Huelga General, 2, Barcelona, noviembre de 1901)

         Ahora una conferencia de Salvador Seguí de 1919. Aunque no coincido con su sindicalismo, es interesante como critica con lucidez al separatismo catalan:


DEBEMOS EDUCARNOS PARA LA REVOLUCIÓN. Salvador Seguí (EL NOI DEL SUCRE) (04.10.1919)

 Se habla, con demasiada frecuencia por cierto, de los problemas de Catalunya. ¿Qué problemas de Catalunya? En Catalunya no hay ningún problema; el único problema que se pudiera haber planteado en Catalunya está planteado por nosotros; pero el problema que está planteado por nosotros no es un problema de Catalunya, es un problema universal. Cuando han venido aquí las representaciones organizadas de la burguesía catalana a hablar de problemas de Catalunya, no han hecho más que desviar la opinión y decir cosas que no se ajustaban a la realidad de los hechos.
En Catalunya –hay necesidad de decirlo así– existe otro problema que el nuestro, y éste he dicho ya anteriormente, que no es un problema de Catalunya que es de España y es universal. En Catalunya no hay problema catalán, porque allí solamente siente ese problema la burguesía organizada, que está bajo los auspicios de la Liga regionalista.
Allí no hay problema catalán, porque de haberlo, a estas horas Cambó no hubiera sido ministro ni sería tampoco ministrable.
En Catalunya no hay otro problema palpitante que un problema perfectamente humano, el cual personificamos nosotros, nosotros somos el portaestandarte de esta expresión humana, de este problema humano.
La Liga regionalista ha pretendido, y en parte ha logrado, dar a entender a toda España que en Catalunya no había otro problema que el suyo; el regionalista. Esta es una falsedad; en Catalunya no existe otro problema que el que existe en todos los pueblos libres del mundo, en toda Europa; un problema de descentralización administrativa que todos los hombres liberales del mundo aceptamos; pero un problema de independencia nacional, un problema de autonomía que esté lindante con la independencia, ese no existe en Catalunya, porque los trabajadores de allí no queremos, no sentimos ese problema, no solucionamos ese problema bajo esas condiciones.
Que se dé, no ya la autonomía, que ésta después de todo es aceptable; que se dé incluso la independencia a Catalunya, y ¿sabéis quiénes serían los primeros en no aceptar la independencia en Catalunya? Nosotros, no; de ninguna manera; nosotros nos entenderíamos muy bien y pronto con la burguesía catalana. ¿Sabéis, repito, quiénes serían los primeros en no aceptar la independencia de Catalunya? Los mercaderes de la Liga regionalista; la misma burguesía catalana, que está dentro de la Liga regionalista, sería la que no aceptaría de ninguna manera la independencia de Catalunya.
No existe el problema de Catalunya, volvemos a insistir sobre ello y no será la última vez que lo hagamos; no existe ese problema, porque la gran masa del proletariado de Catalunya, porque incluso la clase media de Catalunya, incluso las clases directoras, las altas clases sociales de Catalunya no sienten ese problema, no quieren la resolución de ese problema. Entonces, ¿por qué nosotros hemos sido los que hemos tenido que tocar las consecuencias de esa actitud, de esa política en que se han inspirado los gobiernos? En las presentes circunstancias no existe la vida normal del derecho y de la justicia –dicen– porque volverían las algaradas catalanas a perturbar la vida y la paz de Barcelona. Esto lo han dicho las autoridades de Barcelona y es muy posible que el Gobierno interprete los hechos de la misma manera, y nada más lejos de la realidad.
Queremos decir con esto, queridos compañeros y amigos, que estamos ciertos de tener que aceptar responsabilidades que no nos incumben. Nosotros somos lo suficientemente serios para aceptar aquellas responsabilidades que nos incumben; pero rechazaremos siempre, y de hoy en adelante las rechazaremos con toda energía, todas aquellas responsabilidades que nos quieran cargar y que no nos pertenezcan.
La lucha sindical de Barcelona, tiene para nosotros una importancia capitalísima, no bajo el aspecto en que hasta ahora se la ha considerado; la tiene por otros que nosotros creemos más fundamentales. Nosotros vamos, como os decía anoche el compañero Pestaña, al comunismo; vamos a la socialización de todos los bienes de la tierra. ¿Por qué procedimientos? Por aquellos que las circunstancias nos aconsejen, sin apartarnos de aquel camino que nos hemos trazado de antemano.
En Barcelona hemos creído nosotros que la organización a base de sindicatos únicos era el máximo de potencialidad y de resistencia por largo plazo, con ánimo de alcanzar el máximo de resultado. ¡Ah! Pero esto no solamente se refiere a la lucha presente, sino que hace también relación a lo que el mundo capitalista nos impone en estos momentos. Nosotros hemos visto en el sindicato único algo más serio, algo más primordial, más fundamental que todo esto; el sindicato único viene a ser la preparación colectiva, viene a ser la preparación profesional para que en el momento dado de la posibilidad de una transformación social, esta capacidad colectiva y profesional sea la garantía que las demás clases sociales tengan precisamente de como nosotros vamos a hacer y vamos a incautarnos de esa transformación.
Es innegable que todos los grupos, que todas las tendencias, que todos los partidos socialistas han venido a cumplir hasta ahora una misión, que han realizado una buena labor; pero es innegable también que desde este momento, cuando los hechos nos enseñan dolorosamente los fracasos seguidos hasta el presente, es también evidente, digo, que hay necesidad de una rectificación de conducta en cuanto a los procedimientos, y esta rectificación es la que nosotros planteamos y seguiremos planteando. Nosotros creemos que de persistir en la creencia de que los partidos socialistas o de que las agrupaciones anarquistas deben de ser los que den esa regularización del nuevo organismo económico para hacer prácticas de socialismo incurríamos en un error. ¿Son los grupos anarquistas los que, por muy buena voluntad que tengan, pueda garantizar el complicado organismo y asegurar a la comunidad y a la colectividad social todo lo indispensable para la vida? No, porque esto que los camaradas anarquistas en este punto sostienen, no es más que un desahogo y un deseo; más que nada es un problema moral; pero la colectividad, las sociedades no pueden inspirar sus actos en la buena voluntad, deben contar con la realidad, y esto se traduce en una forma harto impertinente, y por eso precisamente es por lo que los grupos anarquistas adolecen de los mismos defectos y del mismo vicio de origen que los partidos socialistas.
No, no es el partido socialista del centro, ni es el partido socialista de la derecha, ni es el partido socialista de la izquierda los que pueden asegurar la producción, es el delegado del sindicato de transportes, es el delegado del sindicato de la alimentación, es el delegado del sindicato metalúrgico, es el delegado del sindicato de construcción el que tiene la responsabilidad, por la representación que ostenta, de asegurar todas aquellas necesidades que el conjunto de la colectividad tenga.
Por eso nosotros en un próximo congreso internacional, vamos a plantear esa cuestión, y vamos a decir que la hegemonía del proletariado no pueden ejercerla ni los partidos socialistas ni los grupos anarquistas; esa hegemonía deben ejercerla los sindicatos profesionales, los sindicalistas.
Os he esbozado ya muy superficialmente, como os decía lo que nosotros entendemos y creemos se debe realizar. El tiempo es un factor importantísimo que hay que tener en cuenta y que no hay que desechar. Nosotros creemos que sería suicida, que sería criminal, el que en estas circunstancias, en el actual momento histórico, nos entretuviéramos aún en discusiones acerca de todo; y menos mal si se trata de discutir cosas, porque cuando se discuten personalismos es cuando realmente se pierde el tiempo. Hay necesidad de que los hechos sean una viva acción para todos. ¿Qué hubiera sucedido, qué sucedería ahora mismo, compañeros y amigos, si la revolución triunfante por toda Europa, –aceptamos esa posibilidad– viniera a llamar a nuestras casas y a nuestras puertas? Contestad vosotros por mí. No estamos preparados, no tenemos organización, tendríamos incluso que decir a la burguesía: “No, nosotros no queremos aceptar esa irresponsabilidad; espera un momento; espera que nos orientemos; no sabemos de lo que se trata”.
Así tendremos que conducirnos. ¿Por qué? Porque nosotros no estamos preparados, porque no estamos suficientemente organizados, porque no sabemos nada, salvo honrosas excepciones, de esas cosas, y eso es lo que hay necesidad de hacer: saber de esas cosas, prepararnos para esas cosas, porque todas las ideas, absolutamente todas, triunfan cuando hay capacidad y organizaciones; pero cuando hay solamente el sacrificio de luchar, pura y exclusivamente, el sacrificio de lucha sin esa capacidad y esa organización, de poco sirve.
Hay necesidad de que al exponer nuestra libertad, al exponer incluso nuestras vidas, tengamos también preparada la capacidad, traducida en un instrumento de organización, para que se traduzcan en realidades aquellas cosas por las cuales nosotros luchamos. Sin eso no se consigue nada; sin eso todas las luchas son absolutamente inútiles; por eso hay necesidad de que nos preparemos, de que nos capacitemos, de que nos organicemos. Hay que leer mucho y discutir más; pero cuando llegue el momento de traducir en realidades todas esas cosas que nos encuentren suficientemente preparados, que nos encuentren teniendo la idea macho, que tengamos el brazo fuerte, que tengamos la organización verdadera para traducir en realidades nuestras ideas. De esta manera es cómo la burguesía ahora nos emplaza a una lucha de unos cuantos céntimos más; de esta manera es como iremos socavando los cimientos que las sostienen; de esta manera es como nosotros, en definitiva, lograremos el triunfo de nuestras ideas, como nosotros nos haremos dignos de nosotros mismos y escribiremos en las páginas de la historia la única cosa que hay que escribir: la libertad económica de los hombres, que es la precursora, que es la base de la libertad económica de los pueblos.

          Y para terminar La primera parte del capítulo diez del libro "La historia del movimiento makhnovista" de Piotr Archinof:

Todo lo que acaba de decirse del machnovismo demuestra que era un movimiento popular de los campesinos y obreros y que su fin esencial era aseguar la libertad del trabajo por la actividad revolucionaria de las masas.
Desde su comienzo, desde los primeros días, el movimiento conocido con el nombre de machnovismo recibió la adhesión de las clases pobres de todas las nacionalidades que habitaban la región. En su mayor parte estaba formada, naturalmente, por campesinos de nacionalidad ucraniana. Un 6 a 8% eran campesinos de la Rusia Central. Además la integraban griegos, israelitas, caucásicos y gentes de otras nacionalidades. Las aldeas situadas en los confines del mar de Azov y pobladas de griegos y de judíos tenían relaciones constantes con el movimiento. Varios de los mejores comandantes del ejército revolucionario eran de origen griego y hasta último momento el ejército contó con algunos destacamentos especiales de griegos.
Formado por indigentes y fundido en una sola esencia por la unión natural de los trabajadores, el movimiento estuvo animado desde su comienzo por un profundo sentimiento de fraternidad de los pueblos, que es propio del trabajador oprimido. En su historia no hay un solo momento en que se haya seguido una consigna puramente nacionalista. Toda la lucha de los machnovistas contra el bolchevismo fue dirigida en nombre de los derechos y de los intereses del trabajo. Los denikinianos, los austroalemanes, los petlurianos, las tropas de desembarco francesas (en Berdiansk), los secuaces de Wrangel fueron considerados por los machnovistas, sobre todo, enemigos de la clase trabajadora. Cada una de esas invasiones representaba para ellos ante todo una amenaza para los trabajadores y se interesaron en el pabellón nacional que cubría esas incursiones.
En la Declaración publicada por el Consejo Revolucionario Militar del ejército en octubre de 1919 los machnovistas decían en el capítulo consagrado a la cuestión de las nacionalidades:
Al hablar de la independencia de Ucrania entendemos esa independencia, no como nacional, en el sentido petluriano, sino como la independencia social y laboriosa de los obreros y de los campesinos. Declaramos que el pueblo trabajador ucraniano (como cualquier otro) tiene derecho a forjar su propio destino, no como nación, sino como unión de trabajadores.
Sobre el problema del idioma que debía adoptarse en las escuelas, los machnovistas escribieron:
La sección de cultura y de instrucción del ejército machnovista recibe constantemente preguntas procedentes de maestros que desean saber en qué idioma debe enseñarse en las escuelas ahora que las tropas de Denikin han sido expulsadas.
Los insurrectos revolucionarios, conforme a los principios del verdadero socialismo, no podrían de ningún modo y bajo ningún pretexto violar los deseos naturales del pueblo ucraniano. Es por eso que la cuestión del idioma en que debe enseñarse en las escuelas no podrá ser decidida por nuestro ejército, sino por el pueblo a través de los maestros, de los alumnos y de sus padres.
Se deduce que todas las órdenes que emanan del Consejo especial de Denikin, así como la orden número 22 del general May Maiewsky que impiden el empleo de la lengua materna en las escuelas serán consideradas en lo sucesivo nulas, puesto que han sido impuestas por la fuerza a nuestras escuelas.
En interés del desenvolvimiento intelectual del pueblo, el idioma por adoptarse en las escuelas debe ser aquél hacia el cual tiende naturalmente la población, por eso la población, los maestros, los alumnos y sus padres, y no las autoridades o el ejército, decidirán libremente la cuestión.
Sección de cultura y de instrucción del ejército de los insurrectos machnovistas.
(Put K Svobodé, N° 10, del 18 de octubre de 1919).

 

 Contra el nacionalismo y por el internacionalismo


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