miércoles, 14 de octubre de 2015

Sobre la militancia revolucionaria

Este documento fue escrito por miembros del 1000-MIL entre finales de 1971 y principios de 1972.
  
    Sobre la militancia revolucionaria.
   El militante revolucionario es el individuo capaz por si mismo de llevar a término la acción en su sector de lucha particular. Es autosuficiente a nivel de conciencia de clase como para llevar adelante por si mismo un proceso de concienciación en el sector en que se mueve. Es autosuficiente a nivel de contactos y posibilidades de coordinación e intercambio de experiencias y esfuerzos concretos con toda clase de camaradas. Tiene la autodisciplina personal y el sentido común suficiente como para darse y cumplir unas normas de seguridad que van a ser puestas en práctica aunque nunca llegarán a ser escritas (a diferencia de las de los partidos y grupos). Tiene el sentido de totalidad que las experiencias propias y ajenas así como su capacidad de imaginación creadora no hacen sino aumentar y concretar. Se siente entre las masas como el pez en el agua sabiendo adaptarse a sus altibajos y a su autonomía sin por ello caer en el espontaneismo. Es el francotirador de la revolución. Solo se es militante revolucionario en la medida de lo que se trabaja y lucha, y esta es la única norma de representatividad.
            Enfoque teórico.- Estamos convencidos de que un auténtico militante revolucionario no tiene otras relaciones auténticas en cuanto tal que las que como individuo luchador y autosuficiente establece con la lucha de masas y su horizonte revolucionario. Esta relación entre la autodisciplina personal del militante revolucionario y la autonomía insustituible de las masas y de su lucha es una relación dialéctica que saca partido de la espontaneidad sin caer por ello en el espontaneismo, que niega tal espontaneismo desde el momento en que no se afirma como acción consciente y decidida del militante revolucionario para hacer pasar la espontaneidad de las masas del estadio espontáneo (que jamás superará el tradeunionismo y el enfoque pequeño-burgués de la política) al estadio de conciencia, organización y lucha, tres aspectos inseparables de un solo proceso. Tal negación del espontaneismo y tal afirmación de la organización no deben ser entendidos, sin embargo, como la promoción de un nuevo grupúsculo sino sólo como la afirmación de la necesidad evidente de la coordinación sólida y del trabajo serio y responsable de los militantes revolucionarios, coordinación que debe respetar al máximo tanto la autonomía de los individuos revolucionarios como la indispensable autonomía de la lucha de las masas.
           
            Estrategia política.- En la medida en que la militancia en el seno del PC resulta con el paso del tiempo cada vez más y más absurda, y en la medida en que los otros partidos o grupos, de viejo o nuevo cuño, han demostrado y siguen haciéndolo hoy su más absoluta ineficacia para sustituir en su rol dirigente al PC constituyendo desde el momento en que se cierran constituyéndose en grupúsculos, escisiones de grupúsculos y mini grupúsculos, es preciso replantear nuevamente cuál es el rol de los militantes revolucionarios objetiva y subjetivamente situados a la izquierda del PC. En vez de desvelar en el militante revolucionario el desarrollo de sus auténticas energías y posibilidades bajo su entera responsabilidad,  la afiliación a un grupo o partido mutila la responsabilidad del individuo y hasta cierto punto le lleva a una posición pasiva y a una progresiva pérdida de imaginación. En todo caso, es evidente que el espíritu de grupo mistifica, desvirtúa y en ocasiones puede llegar a impedir tanto el pleno rendimiento del militante revolucionario, como su contacto real con el resto de militantes revolucionarios, [incomprensible en el original] impidiendo a su vez la relación directa y auténtica con las masas, la única indispensable en todo proceso revolucionario. El chovinismo de grupo, por atenuado que sea, levanta una barrera entre los militantes revolucionarios y las masas y es por ello que el proceso de escisiones iniciado últimamente y el fenómeno grupuscular va a acentuarse cuantitativamente con una progresiva pérdida de fuerza: los militantes revolucionarios no se hayan a gusto aislados en sus grupúsculos y con una acción que ellos saben insuficiente viendo que con el paso del tiempo se aumentan las distancias entre sus aspiraciones y las realidades, entre un verbalismo revolucionario extremadamente rico y una práctica revolucionaria extraordinariamente pobre. La razón de la esterilidad en su acción de los militantes revolucionarios estriba en la barrera que sus grupúsculos respectivos establecen por su mera existencia entre ellos y la lucha autónoma de las masas, es decir este aislamiento involuntario pero real que puede provocar incluso, debido a esta conciencia trágica que abunda en los grupúsculos, una política práctica irracionalista en nombre del marxismo (voluntarismos, activismos y toda clase de simplificaciones anti-dialécticas). La salida al fenómeno grupuscular que aumenta cuantitativamente día a día, y al marasmo y caos que comporta especialmente en los nuevos grupúsculos, ha de constituir un salto cualitativo que vaya más allá del fenómeno grupuscular; es ahora pues cuando debe plantearse a todo militante revolucionario, agrupado o no, asumir su papel político auténtico de francotirador de la revolución. En la medida en que los militantes revolucionarios se decidan a ser ellos mismos, en que puedan unirse a las masas sin mediaciones ni equívocos sectario-oportunistas, en que puedan llevar una acción unida, se decidan en definitiva a desencadenar la crítica de la ideología en general y del espíritu de grupo en particular, podrá abrirse una nueva fase del proceso revolucionario en curso, proceso que es efectivamente único y el mismo para todos los militantes revolucionarios de la procedencia que sean así como para ellos y las masas. No se trata de constituir una “vanguardia” en el sentido de decir que quienes adopten esta actitud van a estar al frente de las masas el día que tal estallido revolucionario, fruto de un largo y sigsagueante proceso, se desencadene: se trata únicamente de cubrir el momento histórico presente del proceso revolucionario en curso, acelerando sus ritmos. Quienes hoy no estén a la altura de las necesidades actuales, no van a estar ciertamente mañana al frente de ningún proceso revolucionario (el PC puede estar al frente de masas el día en que lo legalicen, no al frente de ningún proceso revolucionario), pero quienes sepan superar el espíritu grupuscular que está castrando el momento político actual, no van a tener otro destino que el que es propio de un francotirador de la revolución, no van a tener prerrogativa alguna de “vanguardia” establecida vitaliciamente.
           
            Táctica concreta.- Hoy que ya se dan todas las condiciones objetivas que precisa la auténtica militancia revolucionaria pero estando en proceso aún embrionario sus condiciones subjetivas, es prematuro definir de una vez para siempre una táctica completa y sin embargo hay una serie de elementos suficientes a tener en cuenta. Así pues, ante la necesidad de concretar una táctica, vamos a dar los elementos que consideramos válidos ya y a pedir a los lectores que completen y enriquezcan este esbozo táctico, pues sólo puede hacerse seriamente ello a partir de las experiencias concretas que distintos militantes revolucionarios en distintos sectores de lucha han verificado con su práctica revolucionaria entre masas.
            El objetivo inmediato que tienen planteado los militantes revolucionarios es el avance en número, en calidad y en eficacia de dichos cuadros revolucionarios, dialécticamente vinculado al avance del nivel de conciencia existente en el seno de la clase. No pueden defender una consigna-etiqueta en el seno del movimiento de masas (“Comisiones Obreras” por ejemplo) sino que han de defender a todo el movimiento obrero en genera y su organización de empresa, tanto si los equipos de fábrica se llaman Comisión, Comité, Equipo…o el nombre que tenga. Cada sector de lucha tendrá una táctica particular de acción y la última palabra sobre la misma estará en manos de los militantes directamente comprometidos en aquella lucha, y de las masas. Tales tácticas concretas han de estar en permanente revisión y autocrítica, plantearse desde el punto de vista de la totalidad, pero teniendo en cuenta que las condiciones objetivas y subjetivas que cada momento y lugar ofrecen siguen un desarrollo desigual. Se combinará la táctica legal y la ilegal: esta última abarcará desde el nivel de agitación-sensibilización-propaganda y el nivel de seminarios hasta el propiamente político, etc.

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